
Qué hacen los estimulantes dentro del cuerpo
Los estimulantes impactan tu cuerpo como si alguien pisara el acelerador a fondo. Los efectos se sienten fuertes, pero crean riesgos que la mayoría de las personas no nota hasta que ya está en una situación peligrosa.
Tu cerebro libera una oleada de dopamina y adrenalina, lo que te hace sentir confiado, despierto, hablador y “conectado”. El problema es que la confianza aumenta más rápido que el rendimiento real.
Tu corazón empieza a trabajar más. El ritmo cardíaco, la presión arterial y la temperatura corporal suben. Esto añade una carga extra, especialmente si ya estás cansado, estresado o deshidratado.
Tu juicio cambia sin que te des cuenta. Puedes empezar a asumir riesgos que normalmente no tomarías, ignorar la fatiga, pasar por alto peligros o calcular mal distancias y tiempos de reacción. Te sientes más agudo, pero tu conciencia en realidad está disminuyendo.
Tu cuerpo quema energía que no tiene. Los estimulantes no te dan resistencia real — la piden prestada del futuro. Y el bajón siempre aparece cuando más necesitas concentración.
El tiempo de reacción se vuelve impredecible. Incluso un pequeño retraso puede ser peligroso cuando conduces, operas equipo o realizas cualquier tarea sensible a la seguridad.
Los estimulantes pueden hacerte sentir invencible.
Tu cuerpo, sin embargo, paga la cuenta.