
Escenario – Eli
Eli trabaja en un sitio industrial donde los turnos largos y la vigilancia constante son parte del trabajo.
Últimamente, los días se le han ido juntando. Ha dormido poco. El estrés en casa no ha disminuido. Se siente agotado, pero no lo suficiente como para faltar al trabajo.
Antes de su turno, Eli usa cocaína — no para colocarse, sino para sentirse alerta otra vez.
Al principio, funciona.
Se siente confiado. Concentrado. Con energía.
La fatiga parece haber desaparecido.
A medida que avanza el turno, no ocurre nada dramático.
No hay incidentes.
No hay emergencias.
Pero aparecen cambios sutiles.
Eli interrumpe a sus compañeros más de lo habitual.
Se apresura en las revisiones rutinarias.
Está convencido de que tiene todo bajo control — incluso cuando se salta pasos que normalmente no omitiría.
Desde afuera, parece alerta.
Por dentro, se siente en control.
Pero lo que no nota es que su juicio se está estrechando. Sus reacciones son más rápidas, pero menos precisas. La confianza que siente va más rápido que su rendimiento real.
Al final del turno, Eli vuelve a sentirse agotado — más de lo que esperaba. El impulso se desvaneció más rápido que antes.
Ese día no pasó nada malo.
Pero la brecha entre lo capaz que se sentía y lo bien que realmente estaba funcionando se amplió en silencio.