“El retraso de un segundo”

Los conductores con resultados positivos por estimulantes tienen una probabilidad significativamente mayor de verse involucrados en choques graves. Múltiples estudios de seguridad en el transporte muestran que el riesgo de accidente aumenta entre dos y tres veces, en gran parte porque los estimulantes distorsionan la confianza y el tiempo de reacción.

El peligro es un problema de tiempo.

Durante las primeras horas, los estimulantes pueden crear una sensación de enfoque y control. A medida que el efecto del fármaco desaparece, los reflejos disminuyen antes de que la persona lo note. El cerebro empieza a retrasarse — a menudo alrededor de un segundo.

A velocidad de autopista, un retraso de un segundo significa recorrer aproximadamente 88 pies (27 metros) antes de frenar, corregir una desviación o reaccionar al tráfico detenido. Esa distancia es la diferencia entre un susto y un choque catastrófico.

La mayoría de los choques relacionados con estimulantes no son espectaculares. Son errores comunes en el peor momento posible: desviarse del carril, frenar tarde, no notar tráfico que se desacelera o sobrecorregir. Casi todos siguen el mismo patrón: confianza inflada, fatiga en aumento, reacción tardía y luego el impacto.