
Efectos a corto plazo vs. efectos a largo plazo de los estimulantes
Los estimulantes pueden crear ráfagas cortas de energía, pero también generan problemas — a veces de inmediato, a veces a lo largo de meses o años.
Los efectos a corto plazo pueden aparecer en cuestión de minutos. Estos incluyen aumento del ritmo cardíaco, presión arterial elevada, ansiedad, irritabilidad, dificultad para comer o dormir, sudoración, temblores, tensión en la mandíbula, visión de túnel y estallidos repentinos de agresividad o impaciencia. Uno de los riesgos más comunes es el exceso de confianza, que lleva a tomar decisiones que normalmente no tomarías. Y cuando el efecto de la droga desaparece, llega un bajón fuerte. Incluso un deterioro leve a corto plazo puede ser peligroso en trabajos sensibles a la seguridad.
Los efectos a largo plazo se acumulan gradualmente. El uso repetido de estimulantes puede provocar agotamiento, alteraciones del sueño, depresión, cambios de humor, problemas de memoria, paranoia y desgaste cardíaco a largo plazo. Algunas personas experimentan pérdida de peso o desnutrición, o — específicamente con la metanfetamina — daño dental severo. Con el tiempo, las lesiones y los accidentes se vuelven más probables. También se desarrolla tolerancia, lo que significa que necesitas más cantidad de la droga para sentir algún efecto.
Los estimulantes pueden pasar factura a todas las áreas de tu vida — el hogar, el trabajo, la salud mental y física, y tus relaciones.