Escenario – Tanner

Tanner ha estado trabajando turnos muy temprano por la mañana durante meses. El horario no ha cambiado — pero su sueño sí.

Al principio, solo fueron algunas noches difíciles. Se dijo a sí mismo que era temporal. Que después se pondría al día.

Para poder aguantar las mañanas, Tanner empezó a depender más de los estimulantes. No todos los días. Solo cuando el cansancio se sentía lo suficientemente fuerte como para frenarlo.

Durante un tiempo, pareció manejable.

Luego, el equilibrio cambió.

El impulso duraba menos.
La caída llegaba más rápido.
La irritabilidad aparecía antes de que terminara el turno.

Tanner notó que tenía menos paciencia con los retrasos y que descartaba más rápido las revisiones rutinarias. Se sentía seguro de que podía “manejarlo”, incluso cuando se saltaba pasos que normalmente no habría omitido.

Una mañana, tuvo un casi-accidente. Nada grave. Sin reporte. Solo un momento en el que se dio cuenta de que reaccionó un segundo demasiado tarde.

Eso se le quedó grabado.

No dijo nada.
No quería preguntas.
Se dijo a sí mismo que solo era cansancio.

Pero la presión de ocultarlo añadió su propio estrés. El sueño empeoró. Los estimulantes parecían menos efectivos. El margen de error seguía reduciéndose.

Aún no había pasado nada — todavía.

Pero Tanner podía sentir cómo el ciclo se iba cerrando.